La mujer nicaragüense y en especial la mujer campesina, está constantemente sufriendo a lo interno de su hogar violencia intrafamiliar, igualmente en los ámbitos donde se mueve: lugares de trabajo y hasta en la misma comunidad.
El 8 de marzo del año 2006, en conmemoración al Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, la Red de Mujeres Contra la Violencia, a la cual pertenece Cantera, demandó al gobierno de Nicaragua la firma del Protocolo Facultativo de la “Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer”, demanda solicitada hace dos décadas, que evidencia la falta de responsabilidad y de obligación del Estado para garantizar los derechos de las mujeres.
En esa misma ocasión, la Red presentó algunos datos estadísticos sobre las condiciones de la mujer nicaragüense en el año 2005:
77 mujeres fueron asesinadas por sus compañeros y ex compañeros en el año 2005.
3 % de las denuncias de violencia sexual logran llegar a los juzgados y el 75% de denuncias por violencia están siendo archivadas por la Fiscalía, obstaculizando el acceso a la justicia.
25% de las mujeres encuentran un empleo formal y un 75% está en empleos en el sector informal. La mayoría labora como doméstica o en las zonas francas y recibe ingresos por debajo de la canasta básica.
38% de las mujeres acceden al crédito y esto se reduce al 21 % en la zona urbana.
Únicamente el 12 % es dueña de la tierra.
La extrema condición de pobreza, imperante en la zona rural, obliga a que un 85% de las mujeres, migre del campo a la ciudad. Mientras un 15% emigra hacia otros países del área Centroamericana en condiciones de inseguridad e irrespeto de sus derechos.
La responsabilidad de los hogares ha recaído principalmente en un 44% sobre las espaldas de las mujeres. Esta responsabilidad se extiende a las abuelas que en un 31% siguen siendo el sostén de sus familias.
Niñez y adolescencia
La realidad de la niñez y adolescencia nicaragüense ha sido expuesta en innumerables ocasiones por la Federación Coordinadora Nicaragüense de ONGs que trabajan con la Niñez y la Adolescencia (CODENI), a la cual pertenece CANTERA, en su demanda pública a favor de un incremento considerable en el Presupuesto Nacional de la República, a favor de este sector, el más indefenso y vulnerable de la población
El 53% de la población nacional de Nicaragua, tiene menos de 18 años, de los cuales, un 43% son menores de 15 años y 50% son niñas y adolescentes mujeres.
Más de un millón de esta población, se encuentra fuera del sistema educativo.
Solamente un 32% de niñas y niños en edad preescolar se encuentran en esa modalidad educativa.
27% de niñas, niños y adolescentes de la población urbana, padecen de desnutrición crónica, en la Costa Caribe y rural es mayor al 32%.
32% de la población de niñas, niños y adolescentes nunca han estado en la escuela, particularmente en el área rural y Costa Caribe.
De cada 10 niñas y niños, SIETE han manifestado haber sufrido situaciones de violencia en sus familias.
316 mil niñas, niños y adolescentes, son trabajadores que se encuentran realizando actividades de sobrevivencia expuestos a situaciones de abuso sexual, maltrato físico, trata, pornografía y explotación económica.
10% de la población económicamente activa son niñas, niños y adolescentes o sea un aproximado de un millón ochocientos mil (1,800.000).
Jóvenes
Nicaragua es un país con un estimado poblacional de 5.205,018 millones de habitantes, de los cuales el 72 % son personas menores de 30 años, el país esta constituido principalmente por jóvenes. De este porcentaje un 23.5 % (1, 222,099) tienen entre 18 y 30 años, y de esta cifra 613,584 (más de la mitad) son mujeres. Un 59.7% del total de la población de adolescentes y jóvenes del país vive en zonas consideradas urbanas y el restante en zonas rurales.
La mayoría de la adolescencia que trabaja en la zona urbana lo hace en la calle o en los mercados, realiza trabajos en el sector informal tales como ventas ambulantes, cuidando y lavando de carros, recolección de desechos en los basureros, mercados, paradas de buses, semáforos, etcétera.
La adolescencia que trabaja en las zonas rurales lo hace en todos los campos productivos agrícolas y agropecuarios, entre otros, es decir en la producción de café, banano, tabaco, caña de azúcar, etc.
La situación de la adolescencia y juventud en lo referente a la salud esta determinada por las deficientes condiciones higiénicas sanitarias en los hogares y comunidad en la que viven junto con la baja cobertura y calidad de los servicios de salud y la amplitud de los niveles de pobreza.
Existen tasas de mortalidad y morbilidad considerables, existe poca especialidad para atender las enfermedades de la gente joven, la disponibilidad de medicamentos es mínima, la gratuidad de los servicios de salud no se cumple tal y como lo establece la Constitución y la infraestructura de salud se ha deteriorado.
La investigación el “Pupitre Vacío” realizado por la Procuraduría Especial de la Niñez y la Adolescencia de la PDDH citando fuentes de UNICEF y otros organismos señala que la tasa general de analfabetismo es del 32%. Las tasas netas de educación son del 17,2% para el nivel de preescolar, 75.2% para primaria y 27.3% para secundaria.
En otros niveles educativos solo un 3.9% de la Juventud tiene acceso a la educación técnica y un 6.4% a la educación universitaria.
Productores/as del campo
La vulnerabilidad atraviesa el país entero en sus condiciones: productivas, ambientales, sociales, económicas y políticas. A nivel rural la pobreza se incrementa por la degradación ambiental y pobreza social, por la pérdida de la biodiversidad y recursos hídricos, por la masiva y acelerada depredación, mala utilización de los suelos, deforestación de laderas y la utilización indiscriminada de recursos naturales como estrategia de sobrevivencia.
El abandono gubernamental progresivo al sector campesino en los últimos 15 años, ha motivado en CANTERA su intervención dirigida a disminuir el éxodo del campo a la ciudad, con el convencimiento de que existen alternativas productivas para mejorar los niveles de nutrición y la calidad de vida en el campo. Como consecuencia de ese abandono, miles de familia se plantean como única alternativa de sobrevivencia el trabajo en las zonas francas o la migración.